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jueves, 27 de noviembre de 2008

Es el momento del heroismo

Pensando a través de las Palabras de Neruda.

No hay soledad inexpugnable.

Todos los caminos llevan al mismo punto: a la comunicación de lo que somos. Y es preciso atravesar la soledad y la aspereza, la incomunicación y el silencio para llegar al recinto mágico en que podemos danzar torpemente o cantar con melancolía; mas en esa danza o en esa canción están consumados los más antiguos ritos de la conciencia: de la conciencia de ser hombres y de creer en un destino común.

Siendo hombres comunes, tomando conciencia de eso.

Nosotros mismos vamos creando los fantasmas de nuestra propia mitificacion. De la argamasa de lo que hacemos, o queremos hacer, surgen más tarde los impedimentos de nuestro propio y futuro desarrollo. Nos vemos indefectiblemente conducidos a la realidad y al realismo, es decir, a tomar una conciencia directa de lo que nos rodea y de los caminos de la transformación, y luego comprendemos, cuando parece tarde, que hemos construido una limitación tan exagerada que matamos lo vivo en vez de conducir la vida a desenvolverse y florecer. Nos imponemos un realismo que posteriormente nos resulta más pesado que el ladrillo de las construcciones, sin que por ello hayamos erigido el edificio que contemplábamos como parte integral de nuestro deber. Y en sentido contrario, si alcanzamos a crear el fetiche de lo incomprensible (o de lo comprensible para unos pocos), el fetiche de lo selecto y de lo secreto, si suprimimos la realidad y sus degeneraciones realistas, nos veremos de pronto rodeados de un terreno imposible, de un tembladeral de hojas, de barro, de libros, en que se hunden nuestros pies y nos ahoga una incomunicación opresiva.

Heredamos la vida lacerada de los pueblos que arrastran un castigo de siglos, pueblos los más edénicos, los más puros, los que construyeron con piedras y metales torres milagrosas, alhajas de fulgor deslumbrante: pueblos que de pronto fueron arrasados y enmudecidos por las épocas terribles del colonialismo que aún existe.

Elejir el difícil camino de una responsabilidad compartida y, antes de reiterar la adoración hacia el individuo como sol central del sistema.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Partes de guerra

En Agencia de Noticias PELOTA DE TRAPO (http://www.pelotadetrapo.org.ar/)
leí el siguiente artículo que lo comparto aquí como una pegada en la pared de la conciencia colectiva.


Partes de guerra
28/10/08
Por Miguel A. Semán

(APe).- Todas las guerras en su justificación más primitiva necesitan de una visión maniquea de la historia. El universo partido en dos para encontrarle sentido a la aniquilación del otro. Eso pasa hoy en la sociedad argentina, donde parecen distinguirse con nitidez dos sectores: el de la gente buena de un lado, y el de los malos, los delincuentes, o los “menores delincuentes” del otro.

Determinados medios de comunicación, Radio 10, por ejemplo, se han encargado de mantener vivo y fogonear el conflicto, calificándolo como una verdadera guerra civil donde “Ellos (los menores delincuentes) nos odian y tratan de matarnos, y nosotros les tenemos miedo”.

El tono bélico no faltó en los discursos de algunos jefes policiales, quienes al despedir los restos de los agentes caídos, parecían referirse más a soldados abatidos en un frente de batalla, en lucha contra un enemigo externo, que a policías muertos en enfrentamientos con delincuentes.

El peligro de que la sociedad haga suyo el concepto de guerra civil o en este caso “social”, es que produce la instalación en forma permanente de un estado de excepción.

Una excepción que se expande y contamina todos los momentos de la vida y altera cada uno de nuestros juicios.

Todos sabemos que tenemos una policía sospechada de corrupta, y que ninguno de los delitos que requieren cierta organización e inteligencia operativa, podrían llevarse a cabo, al menos en la provincia de Buenos Aires, sin la colaboración, la anuencia, el silencio o la pasividad de la fuerza o de algunos de sus miembros; sin embargo, el hecho de que se los considere ejército en lucha por la defensa de nuestras vidas y propiedades, es el terreno ideal para el surgimiento de cierta forma de “galtierismo”, que trae aparejada la postergación, hasta un momento mejor, de toda mirada crítica sobre la institución y las conductas policiales.

De la misma manera, las urgencias de la guerra, nos llevan a suspender cuestionamientos a la dirigencia política y a la gestión de quienes nos gobiernan, y corre a un segundo plano cualquier exigencia no relacionada directamente con las políticas de seguridad, como ser la reducción del margen de inimputabilidad de los menores, agravamiento de penas, limitación de excarcelaciones y demás medidas reclamadas a viva voz para aniquilar al enemigo.

No es caprichosa ni casual la referencia a la guerra. Hace más o menos treinta años un sector importante de la sociedad consideró aceptable, o al menos no necesariamente condenable, la sustitución del gobierno democrático por un régimen sangriento y en atención a los sucesivos combates que le planteaba la propaganda oficial, suspendió críticas y cuestionamientos, e imperdonablemente, hasta alcanzó a llenar algunas plazas.

Y fue en esos tiempos, años más años menos, cuando empezaron a nacer los padres de los menores de hoy. Fue precisamente en esa época, cuando se construía la cultura de la culpa por sospecha y el “algo habrán hecho” se convirtió en el nuevo invento nacional.

Cuando Martínez de Hoz nos condenaba a fabricar caramelos y las fábricas se usaban para torturar y desaparecer, pero nada de eso importaba demasiado porque había que ganarle, primero, la guerra a la subversión, después la final a los holandeses y, por último, teníamos que echar a los ingleses de Malvinas.

Más o menos por ahí, en esos años terribles, empezaron a nacerles padres a estos pibes que hoy se dan con el paco. Padres que fueron pibes en un país de represión y fábricas cerradas. De abuelos hambrientos y desocupados que caían uno a uno, como las hojas de un otoño interminable. Algunos no lo recuerdan. Otro sí. Pero nadie que haya vivido la Argentina puede considerarse ajeno al mal y al bien que nos rodean.

Podríamos, parafraseando a Kafka, hablar de insensatez sin temor a que la palabra suene demasiado fuerte, la insensatez de distinguir lo que es nuestro de lo que es del adversario cuando sólo hablamos de nosotros. Algo de eso pasa en San Isidro, y en cualquier otro lugar, cuando un intendente denuncia que le importan delincuentes de otro distrito. Entonces la policía va, busca y trae sin miedo a equivocarse. Estamos en guerra y todos los otros son el enemigo.

viernes, 24 de octubre de 2008

¿Cómo gritar?

Reproduzco una nota que no tiene desperdicio como una forma de expresar lo que pienso, de difundir criterios con la esperanza de producir algún cambio en la conciencia de quien lo lee. Gracias

Vá la nota:

Sin duda estos pibes constituyen el objeto privilegiado de la punición y señalamiento social.
Escrito por Alberto Morlachetti (APE)
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Ante el supuesto crecimiento de la inseguridad en territorio bonaerense el gobernador Scioli dice que para frenar el delito hay que bajar la edad de imputabilidad a 12 años.
¿CÓMO GRITAR?

Ante el supuesto crecimiento de la inseguridad en territorio bonaerense el gobernador Daniel Scioli manifestaba ayer en conferencia de prensa, que para frenar el delito hay que bajar la edad de imputabilidad de los menores a 12 años. Tema controvertido que enfrenta a cientistas sociales desde hace muchos años. Scioli advirtió que en territorio bonaerense viven unos 400.000 menores de edad “sin trabajo y sin estudio”. Sin duda estos pibes constituyen el objeto privilegiado de la punición y señalamiento social.


Por Alberto Morlachetti
(APe).-
23/10/08

Algunos periodistas de mala fama construyen opinión pública en busca de consensos para reprimir a los niños.
Rossana Reguillo escribe que los signos son preocupantes.

En la vida cotidiana, en los discursos políticos y periodísticos, va cobrando fuerza ese discurso autoritario, duro, de limpieza social, que amenaza con ganar adeptos porque ofrece la cómoda certidumbre de que la única salvación consiste en el exterminio de todos aquellos elementos que amenazan y perturban el simulacro de la vida colectiva que se mantiene a fuerza de murmullos y suspiros entrecortados para no despertar al demonio.


Pero si bien no creo que estemos en el infierno, vivimos su anticipo.
García Márquez se preguntó alguna vez si la Tierra no será el infierno de otros planetas.

Tal vez sea mucho menos: una aldea sin memoria, dejada de la mano de sus dioses en el último suburbio.


En eso andan los medios de comunicación, con letra de imprenta o imagen de 4 tintas.

Las semillas de las palabras caen en la tierra de los condenados y la cubren con una vegetación delirante.


Radio 10, a través de su mentor, el “periodista” Daniel Hadad, se destaca en la Cruzada contra los niños “infieles”, alentando a tomar por asalto las calles contaminadas de pibes de malabares para que puedan los “buenos peregrinos” derramar toda esa gracia inocente en el “Santo Sepulcro” de los supermercados.


Un cronista policial en TV habló de ladrones de “pantalón corto”: de la maldad de los niños pobres, que no tienen códigos como los tenían los ladrones de ayer, expresaba con cierta nostalgia.

Carlos Ruckauf -con su vocación intacta de mano dura- manifestó a Página/12 que “los jueces alientan a los asesinos”.


Se ha transformando a los grandes medios de comunicación en la sede de una estrategia temporal de represión y menoscabo de la vida de los pobres.


Somos consumidores del espectáculo siempre “deleitoso” de la miseria, de la tragedia y del espectáculo “conmovedor” de los esfuerzos de los que la provocan, para luego erradicarla, y ponen en el cielo un grito desgarrador: hay que bajar la edad de imputabilidad disparando a las víctimas.


Fue aquí -decía Camus- “donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y ser derrotado, que la fuerza puede destruir el alma, y que a veces el coraje no obtiene recompensa”.


¿A qué edad imputamos a un menor? ¿A los 14 años?

Parece no ser suficiente. ¿Quizás a los 12?

¿Hay discernimiento en esas edades? ¿Sabe un niño diferenciar lo bueno de lo que no lo es? ¿Lo prohibido de lo permitido?


Manuel Ossorio, hombre de prestigio del Derecho, dice que “quien obra sin discernimiento absoluto no puede darse cuenta del alcance, del valor ni de las consecuencias de las acciones que realiza”.


El discernimiento puede estar disminuido por varias causas, las anímicas, el miedo, la ofuscación.


¿No está mutilado un niño que sufre hambre, abandono, que ha sido violentado, que vive a la intemperie?


¿No está afectado el niño que no tiene los insumos básicos de la crianza humana: la familia, la ternura, el abrigo, el pan?


Es entonces que dentro del ámbito del Derecho Penal los niños, afectados por la ausencia de derechos que nunca le otorgaron, no pueden discernir plenamente la índole delictiva del acto que realizan, porque no pueden diferenciar entre el bien y el mal.


Invocar discernimiento precoz es condición, pero no suficiente.

Entonces, invocan las figuras más nefastas del oscurantismo penal, nos recuerdan la concepción positivista del “delincuente natural”, las genéticas irreparables de nuestros niños pobres.


En La pena de muerte de Albert Camus y Arthur Koestler, este último escribe que en Gran Bretaña los niños de menos de siete años no eran pasibles de la pena de muerte.


Sin embargo, entre los siete y los catorce años podían ser ahorcados si había contra ellos “una prueba evidente de perversidad”.


La perversidad producía la “mayoría de edad penal”.


Así, en 1801, Andrew Brenning, un niño de trece años, fue ahorcado en público por introducirse en una casa, forzando la entrada, y robar una cuchara.


En 1833 un niño de nueve años fue condenado a la horca por haber robado, a través de una vidriera rota, unas tizas de colores.


Los medios de comunicación van contra la familia y le imputan engendrar más hijos de los que la pobreza le permite, de haber transformado la crianza humana en algo lábil, cuando procede el tiempo de los azotes, de utilizar a sus hijos, de convertirlos en pesadillas humanas.


Y van contra la escuela pública por no haber puesto sus técnicas de dominación para someterlos.


Esto ocurre en abril de este año.


Pero es una historia que ya nos contaron los libros o nuestros abuelos con sus tertulias, esa memoria carnal que se transmite a través de las ternuras.


Cuando la inmigración en Argentina fue objeto del menosprecio social, a fines del siglo XIX y principios del XX, en realidad, lo que se buscaba era eliminar a los no asimilables, los hombres y mujeres que luchaban por sus derechos.


Meléndez, en el año 1900, encontraba en la herencia una de las causas de la delincuencia de menores, principalmente en las colectividades italiana y francesa.


Luis Agote, diputado por el Partido Conservador, decía el 27 de agosto de 1919 en la Cámara de Diputados: “Tengo en mi banca varias sentencias de jueces condenando por reincidentes a chicos de 10, 11, y 12 años de edad. Si se buscan los antecedentes de estos pequeños criminales, se encuentra que son lustrabotas, vendedores de diarios o mensajeros”.


Hoy como ayer se oculta, se niega, se vela las causas que producen el maltrato y el abandono.


Se trata como un fenómeno individual lo que es un producto social, y se le adjudica a la familia humilde una responsabilidad que es colectiva.


La mayoría de los medios informativos no derrama una sola palabra, una sola imagen sobre el capitalismo que omite generar “condición humana”.


En el espacio no euclidiano del nuevo milenio, una curvatura maléfica desvía invenciblemente todas las trayectorias.


Es el fin de la linealidad, del progreso.


En esta perspectiva, el futuro ya no existe, como lo expresa Jean Baudrillard.


Para todos los niños tiene la muerte una mirada, explotados directa o indirectamente por el sistema -son hoy como ayer- la expresión más elocuente de un continente de violencia y de explotación de la vida humana.


El hambre que mata niños cada día, sin ese poco de pan que era obligado, sin la ayuda de aquellos que debieron cantarles.


AM/


NOTA DE LA NAC&POP:
Esta nota publicada por la agencia Pelota de Trapo el 7 de abril del 2004, como ven, conserva plena vigencia.

martes, 20 de febrero de 2007

Declaración de principios

Lo poco que se puede hacer usando los medios actuales de comunicación cuando los "ciudadanos de este mundo" determinan el futuro de resto de la humanidad.

Copio el Manifiesto:

INTELECTUALES DE TODO EL MUNDO IMPULSAN LA CREACIÓN DE UN MOVIMIENTO PARA DETENER LA GUERRA

Bajo el título "Creo en la paz y la justicia", 90 intelectuales de todo el mundo, entre los que se encuentran Eduardo Galeano, Noam Chomsky, Tariq Alí, Marta Harnecker, Susan George y Ezequiel Adamovsky, redactaron un manifiesto con el objetivo de construir un movimiento para detener la guerra de Estados Unidos contra Irak e impedir nuevos enfrentamientos bélicos.

"Si un millón o más de personas de muchos países del mundo llegan a comprender este manifiesto y se unen a él, ello tendrá repercusiones muy poderosas en el corto y en el largo plazo. También volverán más grande nuestro movimiento y le conferirá un tono positivo. Por tanto, consideramos que este enfoque es digno de tomarse en consideración. A cualquier costo debemos organizar, organizar , organizar, sobre todo entre aquellos que aún no se organizan", explicaron los impulsores de la propuesta.


Creo en la paz y en la justicia.

Creo en la democracia y la autonomía. No creo que los EE.UU. ni ningún otro país
deba ignorar la voluntad popular y debilitar la legalidad internacional mediante
presiones y chantajes para conseguir votos en el Consejo de Seguridad.

Creo en el internacionalismo. Me opongo a que ninguna nación vaya extendiendo
una red cada vez mayor de bases militares en todo el mundo, creando un arsenal
sin igual en el mundo.

Creo en la equidad. No creo que los EE.UU. ni ningún otro país deba buscar el
imperio. No creo que los EE.UU. deban controlar el petróleo de Oriente Próximo
en favor de empresas estadounidenses o como palanca de control político sobre
otros países.

Creo en la libertad. Me opongo a los regímenes brutales en Irak y en cualquier
otra parte, pero también me opongo a la nueva doctrina de "guerra preventiva",
que garantiza conflictos permanentes y muy peligrosos y que ha dado lugar a que
gran parte del mundo considere que la mayor amenaza para la paz son los EE.UU.
Creo en una política exterior democrática que apoye la oposición popular al
imperialismo, a las dictaduras y al fundamentalismo político en todas sus
formas.

Creo en la solidaridad. Estoy con los pobres y los excluidos. A pesar de una
desinformación generalizada, millones de persones se oponen a la guerra injusta,
ilegal e inmoral, y quiero añadir mi voz a las suyas. Estoy con los líderes
morales de todo el mundo, con los sindicatos de todo el mundo, y con la inmensa
mayoría de la población de los países del mundo.

Creo en la diversidad. Estoy por el fin del racismo dirigido contra inmigrantes
y personas de color. Creo en el cese de la represión interna y externa.

Creo en la paz. Estoy contra esta guerra y contra las condiciones, mentalidades
e instituciones que fomentan y posibilitan la guerra y la injusticia.

Creo en la sostenibilidad. Estoy en contra de la destrucción de los bosques, la
tierra, el agua, los recursos medioambientales y la biodiversidad en la que se
basa toda la vida.

Creo en la justicia. Estoy en contra de las instituciones económicas, políticas
y culturales que promueven una mentalidad competitiva, inmensas desigualdades
económicas y de poder, la dominación empresarial que llega incluso a la
esclavitud, el racismo y las jerarquías sexuales y de género.

Creo en una política que redistribuya el dinero que se usa para la guerra y los
estamentos militares hacia la sanidad, la educación, la vivienda y la creación
de empleo.

Creo en un mundo cuyas instituciones políticas, económicas y sociales fomenten
la solidaridad, promuevan la equidad, maximicen la participación, disfruten de
la diversidad y animen a conseguir una democracia plena.

Creo en la paz y en la justicia y, lo que es más, me comprometo a trabajar por
la paz y la justicia.

(
Para adherir al manifiesto se debe ingresar a la página web http://www.zmag.org/wspj/index.cfm?language=esp (ANC-Utpba))

Henri Poincaré

Henri Poincaré
"Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos"